Osorno
La tarde se pincelaba en soles tibios de marzos avejentados.
La primera vez que subí al hombro sur del Tronador me creí en el punto de inflexión de la Tierra, el sol estacba tan lejos que ya podía verse del otro lado del planeta.
El rato fue eterno, sentía el corazón latir, la sangre moverse, el cuerpo cansado y los pelos fríos.
Cuando el sol por fin se fue, y el ocaso se hizo violeta,
encandilado miré a mi amigo.
Los dos llorábamos.
Esa fue la tarde donde aprendimos a amar la vida.
Tamaño
Color de marco · Natural
Más de Cerros del horizonte
Ver galería completa$85.000
Chico · 50 × 70 cm · Marco Natural







